El laboratorio que investiga si lo que comes es realmente lo que tú piensas
Un laboratorio universitario de Belfast, Reino Unido, un estudiante llamado Terry sostiene un sensor infrarrojo sobre un pequeño plato de orégano. El producto fue etiquetado como “orégano seco” en el mercado alimenticio, pero ¿realmente lo es?
Cuando la luz del sensor roza el material, un programa informático ejecuta un análisis. Esta vez la sustancia coincide. Pero no suele ser así.
En algunos casos, hasta un 40% del “orégano seco” proviene de hojas de otras plantas, como mirtos y olivos. El problema no se reduce a que la gente esté siendo estafada, sino que, además, esas hojas secas más baratas a veces no fueron adecuadamente lavadas y preparadas para el consumo humano.
“Así que incluso en tu 20% de orégano adulterado hay una buena dosis de pesticidas”, explica Chris Elliott.
Probando, probando
En la principal sala de pruebas hay instrumentos de medición y pequeños contenedores por todas partes. Una máquina vaporiza unas muestras a temperaturas de unos 10.000 grados Kelvin (unos 9.700 grados centígrados). Otra, del tamaño de un piano, cuesta US$985.000 y puede realizar varios exámenes de una vePara hacer las pruebas en el orégano, hay que efectuar un análisis químico llamado espectroscopia. ”Es bastante sencillo. Aplicamos luz brillante en los alimentos, y la energía de la luz hace que las moléculas vibren o se tambaleen”, dice Elliot. ”Cada molécula vibra de manera ligeramente distinta”, agrega. Otras pruebas pueden determinar si hay toxinas en la comida adulterada.
Casi cualquier tipo de comida puede haber sido mezclada con productos químicos nocivos. A veces se agregan colorantes industriales a las especias para darles un color más intenso.
Y como el precio de la leche se establece en base a las proteínas que contiene, los estafadores añaden otra fuente de proteínas al producto aguado, como proteína de arroz o incluso cuero hidrolizado, que proviene de pieles de animales. E incluso sustancias más peligrosas. Los países propensos a climas cálidos, donde la temperatura dentro de los camiones de transporte puede alcanzar los 40 grados centígrados, son especialmente vulnerables, dice Elliott.
“Uno de los fraudes consiste en agregar conservantes a la leche para evitar que se ponga mala durante el transporte. Uno de los más populares es el formaldehído, un veneno mortal”, explica.
También hay toxinas que no han sido agregadas de forma deliberada. Por ejemplo, dependiendo de dónde y cómo crece, el arroz puede contener altos niveles de arsénico, lo cual puede aumentar el riesgo de padecer cáncer.
Una de las técnicas de laboratorio utilizadas para detectar metales pesados como ese, y otros como plomo o cadmio, son las imágenes de fluorescencia de rayos X.
Cuando los rayos X inciden sobre la muestra, hacen que los electrones se separen de los átomos. Entonces, los fotones con energías específicas también se liberan. Y al medir esa energía, los técnicos pueden saber qué elementos están presentes.

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